viernes, 20 de enero de 2012

YA NO ES ASÍ

Cada cierto tiempo las nuevas tecnologías nos van sorprendiendo cada vez más. Si no es un televisor en el cual se puede ver películas en 3D, es un notebook que reconoce al usuario con sólo la retina del ojo y  la huella digital, o  es un celular nuevo con cámara, wi fi, mp3, bluetooth, juegos en línea y  un cuanto y que otro asunto integrado que cada día nos asombra más y que va modificando de cierta manera nuestro diario vivir.

 Pero también es innegable que así como avanzan las tecnologías también avanza la dependencia a éstas, ya no podemos salir de la casa sin ir con el celular, ¿a quién no le ha pasado tener que volver a buscarlo porque se le quedo encima de la mesa o en el velador  del dormitorio? ¿O no poder hablar con alguien porque no tenemos acceso a Internet o nos quedamos sin saldo en el celular? Incluso hemos llegado a tanta dependencia de las tecnologías que ya no conocemos a personas directamente, en una fiesta o en una reunión de amigos, o en un matrimonio de un familiar o en lo que sea… sino que cada vez más abundan las relaciones cibernéticas, “amores y amistades” ficticias, que se basan simplemente  en la inmediatez de la información, y en la intervención de una pantalla de computador… se ha perdido el contacto “cara a cara”.

Recuerdo a Marshall McLuhan “las tecnologías son una extensión del cuerpo”, y así nomás es. Nos volvimos completamente dependientes de ellas y ya no  podemos estar sin utilizarlas… el medio se transformó en fin, es como si fuesen ya parte de nuestro cuerpo y de nuestro cotidiano vivir. Hoy no nos damos el tiempo, y no existe ese romanticismo de antaño, de escribir una carta a un ser querido “a mano”, en donde muchas veces debíamos reescribirla por algún error o para mejorar la letra. Ya no existe esa paciencia  infinita  en la cual al tomar una foto debíamos esperar a ver cómo “salió”… ya no es así. Simplemente quedaron atrás esos mágicos momentos en donde se esperaba con ansias esa carta de un ser querido que vivía en  tierras lejanas, en  donde el cartero era el portador  de penas y alegrías… En el destierro también quedó el clásico cassette, el cual debíamos adelantar o retroceder usando un lápiz Bic, ya no  nos damos el  tiempo de mirar las cosas simples  de la vida… ya no es así.

No sería mejor  darle una vuelta a este asunto y desde la  nostalgia y melancolía del pasado retomar ese clásico cassette, esa vieja cámara análoga, ese bendito cuaderno, en donde escribimos las mejores cartas, retomar lo pasado que según dice el dicho “siempre  fue mejor” ¿no seria mejor retomar nuestra libertad y ser dueños de una comunicación directa, franca y más humana? Dejar de lado por un momento esas cosas que nos mantienen prisioneros y dependientes y retornar esas que nos hacen ver la real simpleza y belleza  de la  vida, que nos permita volver a  vernos cara a cara, sin fotos trucadas, ni medirnos por quién tiene el celular más reciente o el computador más moderno, sino más  bien apreciar las cosas simples de la vida… esas que quizás ya nunca volverán.


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