viernes, 20 de enero de 2012

“Un futuro que nos espera sólo a algunos”

Partiendo de la premisa de que vivimos en un mundo interconectado, todos los autores nos hablan de la globalización, en las distintas partes y ámbitos de la vida, sobre todo en las tecnologías y a lo que medio de comunicación se refiere. “En la actualidad, observamos que las redes digitales van cubriendo el planta  paulatinamente (…) gracias a los avances de la tecnología vivimos en una sociedad donde ha irrumpido una nueva modalidad comunicacional que trae consigo supuestos cambios semiológicos  de la cultura misma, un nuevo régimen de significación”, (Cuadra, 2003. pp54).

La cultura, la política, la economía son ámbitos en que la globalización se hace referente, incluyendo el periodismo. Así, con las nuevas tecnologías estamos viendo una especie de nueva cultura, una cibercultura (Cuadra, 2003), de la cual casi la totalidad del mundo es partícipe. Pero evidentemente no el mundo en su conjunto participa de ésta, hay entes y culturas ajenos a esta nueva modalidad. Civilizaciones a las cuales no les afecta de manera directa ni indirecta las nuevas relaciones sociales, económicas y culturales y ciberculturales que se dan en el aquí y ahora. Civilizaciones que ni siquiera conocen el uso de un reloj o los utensilios para comer… a esas culturas es que me refiero.

Sin duda alguna con las nuevas cualidades que tienen las tecnologías, que nos dan el acceso y la posibilidad de interactuar y responder a los distintos tipos de información de lo que nos encontramos, podríamos decir que  “cualquier usuario a la vez es emisor y receptor de los mensajes, en una dinámica virtual que se está haciendo a cada instante” (Cuadra, 2003. pp55), lo que claramente no se puede dar en una cultura que ni siquiera tiene acceso a un lápiz o una hoja para escribir, donde el periodismo aún no ha penetrado, y donde el único acercamiento que hay son las investigaciones de programas informativos para conocer esas realidades tan distintas, donde quizás los “hijos de la televisión” (Bechelloni, 1989) son los receptores de esta información, pero la cultura investigada, quizás ni siquiera tiene el conocimiento de por qué está siendo grabada, o siendo parte de la cobertura mediática.

Cuadra también menciona que “La cibercultura se distribuye de manera simétrica y homogénea, aunque muchos países se han convertido en terminales de consumo de bienes y servicios sofisticados, no poseen el valor conocimiento que les permita superar la brecha que los separa de las potencias desarrolladas (Cuadra, 2003. pp. 56), lo que claramente modifica el concepto de globalización cultural de la cual hablan algunos autores y que podemos diferenciar de culturas o países afectados por la globalización y los fenómenos que acarrea (consumismo, tecnologización, virtualidad, etc.)

Por lo tanto, dependiendo de que cultura estemos hablando podemos decir si es conciente y afectada por la “ciberculturización global”, o si es ajena a este nuevo paradigma cultural. “La cibercultura constituye un nivel de complejidad semiótica inédita en la historia humana, un nuevo tipo de nivel lógico, que nos obliga a pensar desde perspectivas nuevas nociones tales como Estado, Religión o Ciencia”.  (Cuadra, 2003. pp59), por lo que evidentemente, como menciona Cuadra, las  significaciones que tienen estas culturas si no se ven afectadas por las tecnologías, por los medios de comunicación y por los distintas características que tiene la globalización, no habrá un cambio en el significante ni en el significado, en la significación de los signos que representan esa cultura, ni menos el periodismo podrá afectar la cultura.

Frente al mismo tema Cuadra también menciona que “toda cultura supone un régimen de significación por las redacciones de producción de los objetos culturales, las condiciones de recepción, el marco institucional que regula la producción y la recepción y, por último, por el modo particular en que circulan los objetos culturales”, lo que ratifica la postura principal de la presente monografía, en donde como conclusión podríamos definir que la ciberculturización, es imposible que se de a nivel planetario, afectando todas las culturas del planeta, por lo menos en el aquí y el ahora. 

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